Sociedad desvinculada: fundamentos de la crisis y necesidad de un nuevo inicio

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Vivimos una crisis, pero ni ha sido la primera ni será la última. La frustración y la desesperanza son tan generalizadas y profundas que resulta inocente pensar que comenzaron con la crisis económica del 2008.

¿Cuál es la causa moral de estas crisis? ¿Es la posmodernidad una denominación formal de la degradación de los vínculos humanos? ¿Está tocada de muerte la democracia liberal que conocemos? 

A derecha e izquierda los discursos están agotados. La idea de Europa como horizonte de democracia y bienestar se diluye. El ideal americano basado en el éxito del propio esfuerzo ha quedado en entredicho.

Este relato novedoso propone y aborda la teoría del vínculo como el mejor diagnóstico integral de nuestra sociedad. La naturaleza del vínculo humano es fruto de la relación personal, la costumbre, la idea moral compartida, la historia, la creencia religiosa. Es imposible que una sociedad alcance el bienestar si está regida por la primacía absoluta del individuo: se divide y enfrenta. El autor propone un nuevo comienzo.

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Extracto del libro

La esencia del capital social

Existen tres componentes básicos comunes a las distintas definiciones del capital social. El  primero son las redes que forman los vínculos, que no son nada indeterminado porque  podemos observar por sus efectos de forma parecida a como sucede con la fuerza de gravedad.

[...]

La definición del capital social también se refiere a la permanencia del vínculo, cuya duración debe guardar relación con el fi n que persiga.

[...]

El segundo grupo de conceptos comunes a las distintas definiciones de capital social se refiere a la necesidad de una serie de valores compartidos, de procesos mentales e ideas, de un sentido de pertenencia, que fijen y estabilicen el vínculo, y entre los que destaca la confianza.

 [...]

Finalmente, el tercer grupo de conceptos de las distintas definiciones del capital social nos habla de resultados que son muy amplios: satisface necesidades sociales, mejora las condiciones de vida, aporta recursos actuales o potenciales, y facilita acciones comunes. El capital social construye determinadas condiciones que facilitan el desarrollo, y aportan bienestar y prosperidad a la comunidad. Es una condición necesaria para vivir mejor, más humanamente.

 En definitiva, el capital social disponible está en función de que existan (1) vínculos estables entre personas; (2) cuya intensidad, duración y jerarquía guarde relación con los fi nes que persigue cada tipo de comunidad; (3) una concepción moral de que el bien humano se realiza en la vinculación y se concreta en normas compartidas; (4) la generación de confi anza entre sus miembros que fomente la capacidad de cooperación; y (5) la aportación de externalidades positivas al resto de la sociedad.

Por su propia razón de ser, y como analizaré más adelante, la cultura desvinculada destruye este modelo sin capacidad para substituirlo por otro. Intenta suplirlo mediante leyes y mecanismos coercitivos y de regulación, que no consiguen su fin. La causa es evidente: la obligación, o exige de la coacción permanente o no puede existir sin una tradición cultural que la acoja y la convierta en marco de referencia para los seres humanos. Sin embargo, precisamente por su principio de razón instrumental y subjetividad, la sociedad desvinculada se niega a sí misma esta posibilidad y actúa en sentido contrario al estimular la atomización social.

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